BOLSA O CAPULLO DE MARIPOSA. Simons afirma que en la entrada que se encuentra aún más abajo en esta cueva de Acatzingo, “una flecha decorada con una pluma y un penacho...” es una “bolsa de mariposa”.

Los mismos motivos o “bolsas” se encuentran en el interior de la cueva de Chicomoztoc, envueltos en tela blanca y atados a la espalda de los guerreros. Contienen   un atributo en forma arcada con una serie de líneas paralelas: el abdomen "en V" de una mariposa, con sus correspondientes estrías. No tiene alas ni patas posteriores, en aparente representación de la pupa del insecto, la que contiene las mismas marcas y estructura "en V" de un abdomen. Quizá sugiere la metamorfosis de una mariposa preparándose para su regeneración, para emerger de cubierta protectora de la pupa y tomar vuelo.

La mariposa fungía como símbolo de vida y muerte en el mundo precolombino. Su bolsa posiblemente representaba un encierro, tal como una mortaja fúnebre o una cueva donde se colocan los huesos de los muertos en espera de alguna forma de transformación metamórfica.

Sahagún (1952, III) relata la creencia de que los guerreros muertos en batalla heredaban “la casa del sol en el paraíso” y volvían a la tierra como mariposas, zenzontles o chapulines. Existe otra cueva/santuario ubicada en Ixtiyucan, cerca de Nopalucan, donde se observa un chapulín decapitado afuera de su acceso.

En “Veinte Himnos Sagrados de los Nahuas” se habla de la muerte y de un reino para los muertos; se menciona a los valientes guerreros que heredan una gloriosa existencia posterior a la muerte y a Itzpapalotli, diosa representada por una mariposa (de obsidiana) negra.

¿A dónde te diriges? ¿A dónde te diriges? A la guerra santa, a las aguas divinas, donde la pupa de los hombres, nuestra madre Itzapapalotl, ¡en el campo de batalla!

Thompson (1950) cita a la Historia de los Mexicanos por sus Pinturas y a una madre indígena (Cicimime o Ciuateteo) quien falleció al parir y a niños que murieron lacerados por enfermedad; explica que en una ceremonia religiosa, “...se les prodigaron ofrendas, sobre todo tortillas de maíz en forma de mariposa”.

Un informante indígena dice que los abuelos veían en el desarrollo de los insectos un reflejo del “ciclo de vida” cósmico del nacimiento, la maduración, la muerte y el renacimiento, bajo el concepto de que los insectos sufren cambios externos sin perder su identidad. La larva se transforma en abeja; el horrible gusano se convierte en un escarabajo; un chapulín pasa de ser un bicho a ser un gran insecto con alas espléndidas; el característico cuerpo de una oruga cambia al de una mariposa. En particular, el chapulín y la mariposa proporcionan ejemplos de transición: sus etapas sucesivas de formación simbolizan a la regeneración. Alguien preguntó si este proceso podía compararse con la resurrección católica, pero lo más asombroso es que las creencias de algunos indígenas apuntan hacia la reencarnación.

La mayoría de mis informantes son analfabetas. A excepción de los programas educativos por televisión, ellos no han tenido contacto con las ciencias. Su lengua nativa es el nahuatl; en consecuencia, piensan en símbolos basados en la naturaleza: tierra y milpas, cuevas abajo y el cielo arriba, manantiales de agua, la flora, la fauna; ecología, en general (la cosmología mesoamericana). Lógicamente, sus interpretaciones no son convencionales. Cuando se les pide examinar el glifo pictórico en cuestión, algunos se hacen de una imagen mental de una figura antropomórfica bidimensional, una silueta humana.

La citada figura se encuentra en el interior de una cueva, frente a una puerta abierta. Una cara redonda, una deidad solar representada con cara humana dentro de una ráfaga solar de puntas onduladas, con un yelmo de alto vuelo con un penacho blanco como ornato.

Seler (1904) escribió que Quetzalcoatl, cual lucero de la mañana, era representado como una cara decorada con una cinta en la cabeza y una corona de plumas. Debajo de la cara se encuentra una caja torácica estilizada; en su centro, hay puntos, característicos de una columna vertebral fragmentada. Asumiendo que se trata de un muerto, la silueta humana no extiende sus brazos hacia delante para agarrar la tela con pliegues; no obstante, en ambos lados de su tórax hay un tramo de manta blanca arqueada.

En dos códices mexicanos aparece el tórax humano como imagen relacionada con la muerta. En el códice Nuttal, la caja torácica es representada con un símbolo de cerro; en el Colombino, con un friso. Smith (1973) explica que debido a que "...ambos símbolos están representados en el mismo contexto, se sabe que se trata del mismo".

Obsérvese la flecha de caña en el tórax.

Además de la bolsa de mariposa o del tórax de humano con su columna vertebral segmentada, otra teoría se centra en la tortuga; en particular, en su exoesqueleto o caparazón y en el esqueleto axial consistente en cráneo, vértebras y costillas en el interior de las placas costales de su caparazón.

Caparazón de tortuga
Las costillas unidas a las placas del caparazón
Cráneo y mandíbula inferior
Patas delanteras (húmero, radio y cúbito)

Con relación a las cuevas y a la cosmología mesoamericana, Bassie-Sweet (1991, 1996) comenta que a menudo se representaba o se hacía referencia a la superficie de la tierra con una tortuga, la que --además de convivir en el agua con flores acuáticas, carrizos y juncos-- constituye una adecuada manifestación del dios viento, variante de Quetzalcoatl: fuerza creativa que convierte el agua en bruma en la boca de las cuevas, para formar nubes y lluvia y dar fertilidad a la tierra.

La primera imagen de una tortuga se vio en la Creación (Schele, 1993:80). Era el "Comienzo" y, por lo tanto, una función del tiempo. En ese momento, el Dios del Maíz o Primer Padre renació de una grieta en el caparazón de una tortuga. Entonces, en este lugar de origen --el Cinturón de Orión-- los dioses hicieron un hogar para encender el primer fuego de la Creación. De hecho, a las estrellas de Orión (Rigel, Saiph, Alnitak) se les identifica con piedras de ese hogar (Tedlock, 1985:261). A propósito del tema, José Fernández (1996) comenta:

"Orión era representada como una tortuga en el cielo (Thompson, 1971:116; Lounsbury, 1982:166; Schele, 1992:134), denominada ac ek ó "estrella tortuga" (Roys, 1965:66, Lamb, s/f:5) y considerada el lugar de la creación en la cosmología maya. Aparece como una constelación en forma de tortuga en los códices de París (Kelley, 1976:48) y de Madrid (Schele, 1992:140), como deidad (GII/Dios K) en Kelley (1976:98), como "tres piedras" o "tres estrellas" en Bonampak (Lounsbury, 1982:167) y en los códices de Madrid y de Dresden (Kelley, 1976:86, 120), y como un caparazón, o hendidura de nacimiento y renacimiento (Schele, 1992:123), en el códice Nuttal y en el Rollo Selden (Milbrath, 1988:159)

Con respecto a la cueva mortuoria de Acatzingo, se realizó un levantamiento topográfico sobre el eje oriente/occidente. Lo que actualmente se denomina el "Alineamiento de Cholula", constituye un patrón espacial con un acimut de 97.9 grados. Dicha línea incorpora tanto atributos geológicos como puntos de referencia arqueológicos. Con su origen en el oriente, se dirige hacia el occidente intersectando el sitio arqueológico de Loma Chichipico (Antigua Quecholac), la cueva mortuoria de Acatzingo, la cima de los cerros Santa Rosa y Totoltepetl, la gran pirámide de Cholula (cuyos cimientos se remontan a la era Preclásica), las ruinas preclásicas del cerro del Zapoteca, la cima hendida del Tecajete, el montículo circular escalonado de Sitio Andrea, la colina de Teotzin y el cerro piramidal del Teotón.

No esperábamos que el físico Nowell Morris comentara sobre nuestro levantamiento; sin embargo, escribió (1995) que la trayectoria de la Epsilon Orionis (Alnilam) en el periodo Preclásico tardío, con un "...acimut del levante estelar de 97º 50' = 97.83 grados, se ajusta casi perfectamente al acimut de la línea de Cholula - 97.92 grados".

El reporte añade, anticipándose a una respuesta escéptica: "Diríase, entonces, que al haber tal cantidad de estrellas, alguna tendría que acercarse". Prosigue: "Bueno, es cierto, pero tomen en cuenta que no se trata de cualquier estrella, sino de la estrella central del Cinturón de Orión, y la que probablemente ocupa el centro de toda la constelación. Si tuviera que adivinar en base a qué cuerpos celestiales habrían los cholultecas alineado una ciudad, monumento o templo funerario, uno de los primeros en mi lista sería Orión".

Morris concluye: "Es más, nótese que el Cinturón de Orión tuvo un levante helicoidal entre el 18 y el 24 de junio de, aproximadamente, el año 500 a.C. Esto es verdaderamente mágico pues la estrella tuvo su levante helicoidal en el solsticio de verano. Imagínense al antiguo sacerdote del sol parado sobre el Teotón (o la cueva mortuoria de Acatzingo) aguardando, antes del amanecer, a la primera reaparición de Orión el mismo día en que el sol alcanza su posición solsticial. ¡Vaya sincronía! Agreguen a esto el hecho de que Orión llegó a su culminación aproximadamente en el solsticio de invierno; ahí tienen otro factor mágico"

Lo anterior se relaciona con elementos pictóricos que describen cuevas mortuorias, mediciones astronómicas y fechas calendáricas. ¿Es posible que los glifos locativos del MC2 representen a una tortuga vinculada con un signo calendárico de caña (Acatl)? En su libro sobre cuevas para usos rituales, Stone (1995:22) explica que a la vez que la concha de la tortuga retrataba a una imagen terrena del planeta, sirvió para "integrar el espacio con conceptos cíclicos del tiempo". Cita además a Taube (1988a), quien demostró que la concha de tortuga a menudo se combinaba con referencias jeroglíficas al ciclo k'atun de veinte años

Imágenes relativas a la muerte.
Difunto subido sobre la concha
de una tortuga (Madrid71b,
adaptado de Lee, 1985).).

Varias cuevas mortuorias comparten el patrón astronómico de 97-98 grados. Como ejemplos tenemos las de Acatzingo, Ixtiyucan y los cerros del Teotón y Chiconautla. Dichas cuevas se localizan en un ombligo topográfico, un centro radial donde la línea de levante del cenit intercepta a la línea astral de Alnilam (estrella central del Cinturón de Orión).

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